El instrumento del Diablo

En la tradición occidental, el violín ha estado asociado con el Diablo o Satanás prácticamente desde su aparición en el siglo XVI.

En sus comienzos, el violín estaba especialmente extendido entre la música popular, sobre todo en las danzas, siendo el laúd o la viola da gamba todavía los instrumentos de cuerda preferidos en las cortes. Esta primera asociación entre el violín y las danzas populares (que aun hoy se pueden escuchar en el Jazz, la música balcánica, el folklore sudamericano, etcétera) estableció una primera conexión entre este instrumento y las prácticas paganas.

Otra característica del violín que ha sido asociada con lo diabólico es la dificultad en la interpretación, y junto a ésta, la sensación de estar tocando notas a una velocidad aparentemente ‘sobrehumana’ que los violinistas podían lograr. Debido a esta peculiaridad, se extendió la superstición de que los violinistas realizaban pactos con Satanás para poder lograr su prodigiosa habilidad. La idea del pacto con el Diablo a cambio del alma del intérprete del violín dio lugar a una larga tradición dentro de la cultura occidental.

El Diablo como violinista

Durante toda la Edad Moderna europea es muy común encontrar representaciones alegóricas del Diablo o algunos de sus esbirros tocando el violín. A veces la imagen representada es la Muerte, a través de un esqueleto o Parca, pero el origen de la alegoría es el mismo.

Existen dos famosos ejemplos de historias que conectan al Diablo con el violín. El primero está relacionado con el compositor y violinista italiano Giuseppe Tartini, cuya Sonata en Sol Menor también es conocida como ‘El Trino del Diablo’, en gran parte por su gran dificultad interpretativa. Según la leyenda, la obra se originó en un sueño del compositor en el cual vendía su alma al Diablo, y éste a cambio tocaba la melodía central de la obra.

El otro caso es el del famosísimo violinista Niccolò Paganini. Según la creencia de la época, Paganini había vendido su alma a cambio de su gran talento, hasta el punto de poder tocar sus obras con una sola cuerda.

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