El genio de Jascha Heifetz

Jascha Heifetz es considerado por muchos el más grande violinista de todos los tiempos, o al menos a la altura de los más reconocidos de la historia, como Niccolò Paganini, David Oistrakh, o Pablo de Sarasate.

Heifetz nació el año 1901 en la ciudad de Vilna, actualmente capital de Lituania pero en aquel entonces parte del Imperio Ruso. Su padre era profesor y concertista de violín en su ciudad natal, y vio el gran potencia del pequeño Jascha desde muy temprana edad. Comenzó de muy pequeño a tomar clases con el célebre Leopold Auer, quien lo motivó a estudiar el instrumento y notó que Heifetz era un prodigio.

Entre sus primeros entusiastas se encontró el famoso violinista Fritz Kreisler, de quien se dice que quien tras escucharlo interpretar el Concierto para Violín en Mi Menor de Mendelssohn, afirmó: “Deberíamos simplemente romper nuestros violines”. Otros grandes figuras musicales de la época que lo apoyaron en sus comienzos incluyeron a Arhtur Abell y Arthur Nikisch, entre otros. Con menos de 16 años de edad ya había tocado en algunos de los grandes escenarios de Europa.

Después de la Revolución Rusa de 1917, Heifetz se mudó con su familia a los Estados Unidos, donde el jóven Heifetz tuvo un éxito inmediato, dando su primer concierto en el Carnegie Hall. Entre sus admiradores de aquella época se contaba nada menos que el celebérrimo violinista Mischa Elman. Heifetz continuó dando conciertos de manera ininterrumpida y grabando durante las siguientes décadas, hasta que una serie de problemas de salud lo hicieron abandonar los escenarios hacia la década de 1960.

Con su estilo vibrante, una combinación de virtuosismo y emocionalidad, Jascha Heifetz se transformó en un verdadero modelo a seguir para los violinistas de la segunda mitad del siglo. Entre sus seguidores se encuentra otro de los más grandes violinistas del siglo, Itzhak Perlman.

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