Violines eléctricos

Los violines eléctricos son comparativamente recientes en la historia de este instrumento musical.

Los primeros violines amplificados electrónicamente fueron fabricados durante las primeras décadas del siglo XX, simplemente agregando una pastilla o micrófono como los utilizados en otros instrumentos de cuerda. Sin embargo, a diferencia de las guitarras o bajos eléctricos, los violines eléctricos no vivieron nunca una gran expansión entre el gran público y siguen siendo, hoy en día, instrumentos relativamente poco frecuentes.

Existen dos tipos básicos de violín eléctrico. Por un lado, los violines tradicionales con caja de resonancia de madera y algún tipo de amplificación extra; y por otro, aquellos que utilizan una caja maciza o directamente la eliminan por completo y obtienen su sonido directamente de las cuerdas frotadas.

Ventajas y desventajas

Los violines tradicionales que utilizan algún tipo de micrófono tienen la ventaja de conservar de manera más completa las características del sonido acústico del instrumento, que debe su calidez en gran medida a los harmónicos y resonancias producidos por la caja de madera. Sin embargo, estos instrumentos tienden a tener problemas cuando son amplificados, produciendo grandes cantidades de retroalimentación por las mismas razones que hacen su sonido especial.

Los violines de caja maciza o sin caja evitan completamente este problema. Aunque poseen un sonido mucho más crudo y en gran medida ‘plano’, los violines eléctricos de este tipo no pretenden imitar el sonido cálido de uno tradicional, y pueden transformar esas características en ventajas.

A diferencia de los violines de caja de madera, estos violines se adaptan a la perfección para el agregado de efectos, MIDI, o modificaciones en el tipo, cantidad y afinación de las cuerdas. Por estas razones, suelen ser los elegidos por grupos de rock, pop, electrónica, o diferentes tipos de música experimental o fusión. Incluso existe un violín sin cuerdas, el ‘tape-bow violin’, inventado por la artista Laurie Anderson durante la década de 1980.

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